Los ordenadores portátiles, aunque suene a gracejada, son como los zapatos: personales, intransferibles, pero siempre deben ir según la ocasión y el uso. De la misma manera que un tacón de aguja que estiliza las piernas es sumamente inapropiado para el senderismo, no todo lo que es costoso y de avanzado nos sirve en el rudo ir y venir de la escuela a casa.

¿Cuál es el mejor ordenador portátil para mí? El que satisface tres necesidades elementales:
- La performance que necesito
- La portabilidad que requiero
- La capacidad que me cubre las espaldas
La performance es la velocidad de respuesta y estabilidad del sistema. Es, sin duda, la más importante de todas las características de un ordenador portátil. Podemos medirla, sobre todo, en la memoria RAM: 1GB cubre amplíamente las necesidades de alguien que centra su actividad en el procesador de palabras, el envío de mails o el web surfing, pero acabará con los nervios de un diseñador o un editor de vídeo ante su lentitud de respuesta.
La portabilidad indica la ligereza del equipo, su facilidad de transportación, su resistencia en los tralados y, sobre todo, a su autonomía energética. La mayor parte de los portátiles de escritorio sólo aportan dos horas de batería, en tanto que los ultraligeros como los netbooks rinden hasta ocho horas, además de ser ligeros y delgados.
La capacidad es la memoria del disco duro. Los modelos de escritorio nos dan hasta 500GB, en donde puede caber hasta una película para editar o un software en desarrollo. Sin embargo, entre mayor la capacidad del disco, más delicado es, y en equipos sometidos a una gran movilidad, es preferible usar memorias portátiles para compensar la menor capacidad y salvaguardar la data.
Imagen | Infocoches













